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Dios Mismo Llama

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La ordenación es el medio sacramental establecido por Dios para conferir a los hombres que él elige alguno de los tres grados del sacerdocio de su iglesia. El otorgamiento de los órdenes sagradas, a través de la imposición de manos, es el signo visible y la afirmación de un llamado a una vida de servicio y mayordomía, en el nombre de Cristo, para nuestra santa fe y para nuestra santa iglesia.

En cada grado del sacerdocio, la ordenación confiere gracias específicas: en el diaconado, la de servir ante la administración de los sacramentos; en el presbiterado, la de administrar los sacramentos; en el episcopado, la de consagrar a otros para que administren los sacramentos.

El sacerdocio es una institución divina. El apóstol Pavló (Pablo) testifica que el propio Señor Jesucristo "concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo" (Efesios 4, 11-12).

Esto se ha mantenido así desde las primeras comunidades cristianas. Acerca de los primeros diáconos elegidos se habla en el libro de los Hechos de los Apóstoles: "Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos" (Hechos 6, 6). Acerca de la imposición de las manos se dice: "En cada comunidad (Pavló y Varnava, Pablo y Bernabé) designaban presbíteros, y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor, en quien habían creído" (Hechos 14, 23).

También hay referencias claras acerca del episcopado en las sagradas escrituras: "Por eso te recomiendo (al obispo Timofej, Timoteo) que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos" (2 Timoteo 1, 6); "A ninguno le impongas las manos a la ligera, para no hacerte cómplice de los pecados de otros. Consérvate puro" (1 Timoteo 5, 22); "No admitas acusaciones contra un presbítero, a menos que estén respaldadas por dos o tres testigos" (1 Timoteo 5, 19). Igualmente: "El motivo de haberte dejado (al obispo Tit, Tito) en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como te lo ordené" (Tito 1, 5).
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Así y dado que este santo misterio posibilita los otros sacramentos y los ritos y las oraciones comunes de la iglesia, todo hombre que aspira al sacerdocio requiere examinarse a sí mismo, ser aprobado por otros, y estar calificado para servir. Debe ser ortodoxo (Canon de Nicea 19); irreprochable en fe y conducta (Tito 1, 7, 1 Timoteo 3, 2 y 4, 14, Canon de Laodicea 12); instruido en la escritura, en la tradición y en los cánones de la iglesia; de buena salud y sin defectos físicos que lo inhiban en el cumplimiento de su ministerio (Canon 78 de los Santos Apóstoles). Los candidatos pueden ser casados o no, pero la decisión al respecto y, dado el caso, el santo sacramento de la coronación/casamiento debe efectuarse antes de la ordenación al diaconado.

Sin embargo, lo enfatizamos, Dios mismo, por amor especial, es el que elige, "el que llama" (Gálatas 5,8; Romanos 9,11; 1 Tesalonicenses 5,24; 1 Pedro 1, 15). Llama por Cristo a los apóstoles: "Síganme y los haré pescadores de hombres​​" (Mateo 4,19). Llama a la paz y a la alegría. Acudamos sin temor.

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Si deseas información, contáctanos: 

Muy Rev. P. Konstantin
Secretario general y económo de la Academia Teológica de San Andrij (Andrés)
Comisionado para vocaciones y ministerios

Nogal # 9
Unidad del Bosque
91010, Xalapa, Veracruz
México
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